lunes, 18 de marzo de 2013

National Geographic va a la Patagonia

Hace muchos años yo vivía en una ciudad pequeña en la Patagonia Argentina ubicada sobre el Océano Atlántico. La  costa en  la ciudad era rocosa, y como estaba ubicada muy al sur, tenia una marea altísima, creo que oscilaba más o menos cuatro metros (13 pies en el sistema del imperio). Cuando la marea bajaba, podíamos ver una gran extensión rocosa que parecía tener kilómetros de ancho, aunque puede ser que exagere. Los nativos del lugar la llamaban “la Restinga”.


Un día iba por el camino de la costa hacia el centro, había pasado por la loma donde un bobo con un Citroën Rana  se había atrevido a pegarle por detrás a mi camioneta Falcón blindada,   después había pasado por el basurero,  por la escuela militar, y  finalmente  en frente del hospital público, y  ahora me acercaba al puerto. Entonces vi a un gentío parado al lado de la vía, todos mirando hacia el mar…
 
Como era la costumbre, me paré para ver qué estaba pasando, y le pregunté a un señor mayor que tenía los ojos fijos sobre el horizonte:
Yo: “¿señor,  que pasa?   
El viejo: “Mijo, son visitantes de la National Geographic, están allá fuera, sacando fotos de las rocas”
Miré hacia la Restinga, y vi en la distancia un coche de esos que utilizan en África y lugares muy remotos, muy fuerte y  equipado con esnórkel. Al lado de ese aparato pude ver tres hombres sacando fotos con unas cámaras enormes.
Yo: “Y supongo que nos están fotografiando, les gusta sacar fotos de gente”
El viejo (sacándose un peine): “Eso estaría bien”
Yo (viendo que la marea empezaba a subir): “Me parece que debemos avisarles para que vuelvan rápido, o se van a mojar”
Un Joven que estaba al lado del viejo: “No señor, vea que tienen un coche con esnórkel, pueden respirar debajo del agua”
Yo me azoré, pensando que  la tecnología estaba avanzando muy rápido, hasta que me fijé bien y me di cuenta que el coche de la National Geographic podía tener un aspecto muy rustico, con su esnórkel y todo, pero como ven debajo,  era común y corriente,  o sea no era un submarino ni de lejos

Yo (al joven): “Yo creo que el esnórkel es un tubo que les permite darle aire al motor para cruzar ríos, pero si se quedan debajo del agua mientras el agua sube, y no pueden salir  hasta que baje la marea otra vez se van a ahogar, corre y avísales y probablemente te dan algo”
El joven corrió sobre la Restinga como una cabra, saltando de roca en roca, y gritándole a los señores de la National Geographic que la marea estaba subiendo. Yo por mi parte organicé a los mirones para que hicieran señales y gritaran, para ver si ellos se daban cuenta que estaban en apuros.
Eventualmente los expedicionarios de la National Geographic se dieron cuenta de que estaban en un aprieto,  se montaron en el coche y trataron de alejarse del mar, pero era muy tarde. Entre ellos y la costa donde nosotros estábamos ya había aparecido un canal ancho, con una corriente bastante fuerte, que aparentaba tener un metro o más de profundidad. El muchacho les gritaba desde un lado que se apuraran y cruzaran, pero ellos decidieron bajarse, y amarraron el coche a las rocas con cables y cadenas, para después lanzarse al agua del canal y vadear y después nadar lo más rápido posible hacia la costa.
Como yo tenía asuntos en el centro, el jefe de la policía ya estaba en el lugar y me parecía que aquellos hombres llegarían bien, decidí irme.  Le hice el cuento a la gente que vi esa tarde, y muchos creían que yo estaba jodiendo como siempre, hasta que el día siguiente pudimos ver el coche de la National Geographic desarmado en el patio del mecánico. Lo habían sacado por la noche, cuando bajó la marea, y estaban tratando de ver si lo podían secar y volver a armarlo. Después oí que nunca lo pudieron arrancar, y que la expedición de National Geographic había ido de vuelta a Puerto Madryn en el camión que nos traía leche y queso fresco al pueblo. Que de paso, fue el mismo camión que utilizamos  para llevar la mudanza a La Lucila el año siguiente. Esto pasó mucho antes de que Bill Fisher rescatara su pingüino.

1 comentario:

  1. Who could have imagined that Patagonia is the busiest place in the world?

    A boy running like a cabra... Idiots from National Geographic who think that their car is a ship...

    Gee!

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